Marzo.
Qué ganas de sol tenemos.
Y también de abrazos.
Y especialmente el de Aita Dios.
Es por eso que buscamos espacios donde encontrar abrazos gratis. Uno de ellos creo que es el nuestro. Abrazos del Padre en el silencio, en los cantos, en la palabra, en los hermanos,...
Este viernes hemos tenido visitantes de una parrroquia de Barakaldo y unos cuantos pertenecientes al grupo Scout. Algunos ya habían ido a Taizé y otros iban a ir esta semana santa. Qué envidia!!!!
El evangelio que centró la oración era el de la resucitación de Lázaro. Hay dos cosas que me llaman la atención de esta palabra. La primera es el escepticismo de Marta que le dice: "Señor, ya huele, es el cuarto día!". La pregunta es: ¿espero milagros en mi vida o en la vida de otros? ¿o soy escéptico en lo que Jesús puede hacer a estas alturas en mi vida? ¿Hemos perdido la esperanza en el cambio que Jesús puede hacer en nuestras muertes?
La segunda palabra que resuena es: "Lázaro, sal fuera". Rubén, Ainhoa, Gorka, Mertxe, José....sal de tu sepulcro. Sal de lo que sea que te limite la vida, que te enquiste, que te aleje del Reino.
Sal ya!
Jesús te da la mano para auparte, para sacarte, para ayudarte a salir de tu oscuridad. Conocemos a Jesús. Sabemos que él escucha el sufrimiento y se acerca al ciego, a la hemorroísa, la mujer encorvada, a la suegra de Pedro...Y la historia de todos ellos puede ser nuestra historia.
Recuerdo ahora la historia del hijo pródigo. Cuando vuelve hacia la casa del Padre éste, viéndole venir, no espera a que llegue sino que corre a su encuentro. Dios recorre el camino que nos falta para llegar a él. Porque a veces no llegamos, algo nos impide llegar hasta su casa. Buscamos su abrazo, lo necesitamos, pero a veces nos hemos ido tantas veces de su casa que también nosotros somos escépticos en conseguir su abrazo.
Sin embargo, para salir de nuestros sepulcros Jesús nos da la mano, nos limpia los ojos, nos levanta de la camilla, nos devuelve la luz y la vida y nos lleva al amor del Padre.
Jesús, devuélvenos la vida...
Y su voz resuena una y otra vez: Sal fuera! Sal fuera!
SOMOS
Cristianos.
Sólo eso.
Llamados por el Maestro a seguirle.
Desde distintas comunidades cristianas.
Son Iglesias hermanas.
Separadas por lo accesorio.
Y unidas en el centro, como radios de rueda confluyentes.
Unidas en Jesús, el Cristo.
Con la voluntad y la necesidad de encontrarnos en El.
Porque creemos que la gloria del Padre es que sus hijos estén unidos.
Sabemos que sólo El tiene el poder de juntarnos olvidando lo que nos separa.
En Taizé ha sido posible. Aquí, ¿por qué no?
Quienes se apunten a este camino,
quienes queráis regar esta semilla
...pasad y sentaos.
lunes, 31 de marzo de 2014
domingo, 2 de marzo de 2014
¿Estás o no con nosotros?
Esta tarde competíamos con el frío y con la nueva religión del fútbol. Pero quien nos convoca a nosotros tiene más fuerza. La prueba es que alguien ha contado 19 personas. Esperábamos a un grupo de postconfirmación de 16 jóvenes pero al final no ha llegado. Pero hemos tenido caras nuevas. El Señor sigue llamando a otros cristianos a compartir esa pequeña oración cada mes. Y eso ya es una bendición.
Empezamos escuchando las campanas de Taizé que nos llaman a la oración. Como en aquella colina, cada uno hemos venido desde nuestras realidades distintas, dejando tareas diversas, para sentarnos un rato juntos y encontrarnos con el Dios de Jesús.
Hoy, un poco prematuramente y con olor a carnaval, nos situamos al inicio de la cuaresma en el desierto. Supongo que muchos de los que hemos estado allí esta tarde llevamos unas cuantas cuaresmas encima y es difícil la novedad.
Nos situamos en el libro del Exodo, que narra la historia de un pueblo que sale de la esclavitud y camina hacia la tierra prometida por su Dios. Y entre medio el desierto.
Dolores Aleixandre nos ayuda a mirarnos para dentro con un texto precioso de su libro Esta historia es mi historia.
Y es en realidad nuestra historia porque somos nosotros los que también cruzamos desiertos en nuestro camino. Es cada uno de nosotros el que es tocado por la muerte de seres queridos, o por el dolor físico diario, o por el paro laboral, o por la soledad, o por la decepción de los amigos, o por el miedo al futuro. Y es en esos momentos cuando te preguntas: ¿ Dónde estás Dios mío?
En el desierto es difícil a veces encontrar a Dios en nuestra historia, porque cuando el sol aprieta...
No hablo de acordarse de él para pedir, que eso suele ser lo habitual. Sino de sentir que el Padre está conmigo, aun en silencio.
Y sin embargo oímos hoy una voz que nos susurra: yo estoy contigo, eres precioso a mis ojos; tu nombre está grabado en la palma de mi mano...Y a Jesús susurrando en el otro oído: yo soy el pan de vida que ha bajado del cielo; el que viene a mí no tendrá nunca hambre; no temais; yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos,...
¿Dejaremos que el agua de Jesús nos apague la sed?
Empezamos escuchando las campanas de Taizé que nos llaman a la oración. Como en aquella colina, cada uno hemos venido desde nuestras realidades distintas, dejando tareas diversas, para sentarnos un rato juntos y encontrarnos con el Dios de Jesús.
Hoy, un poco prematuramente y con olor a carnaval, nos situamos al inicio de la cuaresma en el desierto. Supongo que muchos de los que hemos estado allí esta tarde llevamos unas cuantas cuaresmas encima y es difícil la novedad.
Nos situamos en el libro del Exodo, que narra la historia de un pueblo que sale de la esclavitud y camina hacia la tierra prometida por su Dios. Y entre medio el desierto.
Dolores Aleixandre nos ayuda a mirarnos para dentro con un texto precioso de su libro Esta historia es mi historia.
Y es en realidad nuestra historia porque somos nosotros los que también cruzamos desiertos en nuestro camino. Es cada uno de nosotros el que es tocado por la muerte de seres queridos, o por el dolor físico diario, o por el paro laboral, o por la soledad, o por la decepción de los amigos, o por el miedo al futuro. Y es en esos momentos cuando te preguntas: ¿ Dónde estás Dios mío?
En el desierto es difícil a veces encontrar a Dios en nuestra historia, porque cuando el sol aprieta...
No hablo de acordarse de él para pedir, que eso suele ser lo habitual. Sino de sentir que el Padre está conmigo, aun en silencio.
Y sin embargo oímos hoy una voz que nos susurra: yo estoy contigo, eres precioso a mis ojos; tu nombre está grabado en la palma de mi mano...Y a Jesús susurrando en el otro oído: yo soy el pan de vida que ha bajado del cielo; el que viene a mí no tendrá nunca hambre; no temais; yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos,...
¿Dejaremos que el agua de Jesús nos apague la sed?
lunes, 3 de febrero de 2014
El labrador paciente
Empezamos año y terminamos mes. Pasa deprisa el tiempo porque casi acabamos de guardar el belén. Aunque supongo que no para todos el tiempo pasa igual. Para el que sufre las cosas no van tan rápido.
El viernes cuando llegué había silencio y el sonido de los cantos llenaba la capilla. Me acordaba de las oraciones de Taizé y la música que en aquella colina francesa me acercaba al amor de Dios. Desenfundé mi guitarra tratando de no hacer ruido y me dispuse a ofrecer mis manos para ayudar a la oración.
Nos la preparó Amaia y estaba centrada en el Reino, con un evangelio que incluía dos parábolas. Una de ellas consiguió restañar esa tarde algunas de mis heridas. La que podríamos llamar: "El labrador paciente".
El labrador "siembra" la semilla y , al final, "mete la hoz" cuando llega el momento dela siega. Pero sabe que hay un periodo de tiempo en el que a él no le toca hacer nada,
sino que es la tierra la que "ella sola" hace que la
semilla germine y crezca y dé fruto. Y
todo eso sucede "sin que él sepa cómo",
mientras él "duerme y se
levanta" tranquilamente, sin empeñarse en dirigir unos ritmos que
escapan a su control.
Retomo el tema enseguida pero dejadme que antes os cuente que al día siguiente estuve en un encuentro ecuménico entre las iglesias católica de Covadonga y evangélica de Santutxu. Va para el cuarto año ya celebrando encuentros fraternales que unen en Jesús a estas dos comunidades. Es un camino ya que se va consolidando y que es ya irreversible. Tuve el honor de participar en la preparación de las reuniones en sus comienzos como "asesor ecuménico" (según me llamaban de forma graciosa) y hoy cada vez que participo en los encuentros me siento feliz de que esa experiencia ecuménica sea hoy realidad en Bilbao.
Pero sobre todo he trabajado en el grupo de Taizé por el ecumenismo, he tratado de animar en su camino y he soñado muchas noches con que se viviese entre nosotros. Hoy en este grupo el espíritu ecuménico es una realidad, pero el camino a recorrer es siempre largo. Necesitamos convencer a más comunidades de que no es una utopía, sino que ya es posible cada mes que cristianos de distintas confesiones nos sentemos a rezar juntos al Padre porque es Jesús el que nos une. A veces este deseo de avanzar con mayor rapidez no se corresponde con la realidad, cuyo ritmo más lento nos frustra.
Quisieramos hacer realidad tantas cosas....!
Quisieramos conseguir que nuestros hijos nos hicieran más caso y que siguieran nuestros consejos. Quisiéramos que el esfuerzo en nuestra ayuda a los otros fuese efectivo. Que nuestras comunidades funcionasen sin interrupciones y sin desacuerdos. Que la Iglesia jerárquica cambiase y que la unidad en la diversidad fuese lo cotidiano. Que los proyectos por los que tanto hemos trabajado no fracasen por los imponderables...
Y todo esto nos preocupa y nos roba el sueño por la noche.
Sin embargo, hoy la palabra que escuchamos nos libera de la tentación de controlar. El labrador siembra con sudor la semilla, pero sabe que después no está en su mano el que germine.
Los cristianos seguimos teniendo como asignatura pendiente el saber cuándo toca trabajar por el Reino y cuándo toca sólo esperar; cuándo se requiere intervenir, y cuándo lo único que podemos hacer es irnos a dormir; cuándo toca analizar las causas y cuándo admitir que somos incapaces o reconocer que no lo sabemos todo y que hay muchos porqués y cómos que se nos escapan.
Aprobar esa asignatura es conseguir el que, después de hacer buenamente lo que esté en nuestras manos, descansemos sabiendo que el proceso que Dios mismo ha puesto en marcha, hará que la semilla continúe creciendo mientras dormimos.
Así queremos ser, labradores pacientes que se acuestan por las noches con el corazón agradecido y tranquilo, confiados en que han sembrado su semilla en buena tierra y que otras manos la harán brotar mientras ellos descansan: las manos de Aita Dios que sostienen nuestras vidas.
El viernes cuando llegué había silencio y el sonido de los cantos llenaba la capilla. Me acordaba de las oraciones de Taizé y la música que en aquella colina francesa me acercaba al amor de Dios. Desenfundé mi guitarra tratando de no hacer ruido y me dispuse a ofrecer mis manos para ayudar a la oración.
Nos la preparó Amaia y estaba centrada en el Reino, con un evangelio que incluía dos parábolas. Una de ellas consiguió restañar esa tarde algunas de mis heridas. La que podríamos llamar: "El labrador paciente".
El labrador "siembra" la semilla y , al final, "mete la hoz" cuando llega el momento de
Retomo el tema enseguida pero dejadme que antes os cuente que al día siguiente estuve en un encuentro ecuménico entre las iglesias católica de Covadonga y evangélica de Santutxu. Va para el cuarto año ya celebrando encuentros fraternales que unen en Jesús a estas dos comunidades. Es un camino ya que se va consolidando y que es ya irreversible. Tuve el honor de participar en la preparación de las reuniones en sus comienzos como "asesor ecuménico" (según me llamaban de forma graciosa) y hoy cada vez que participo en los encuentros me siento feliz de que esa experiencia ecuménica sea hoy realidad en Bilbao.
Pero sobre todo he trabajado en el grupo de Taizé por el ecumenismo, he tratado de animar en su camino y he soñado muchas noches con que se viviese entre nosotros. Hoy en este grupo el espíritu ecuménico es una realidad, pero el camino a recorrer es siempre largo. Necesitamos convencer a más comunidades de que no es una utopía, sino que ya es posible cada mes que cristianos de distintas confesiones nos sentemos a rezar juntos al Padre porque es Jesús el que nos une. A veces este deseo de avanzar con mayor rapidez no se corresponde con la realidad, cuyo ritmo más lento nos frustra.
Quisieramos hacer realidad tantas cosas....!
Quisieramos conseguir que nuestros hijos nos hicieran más caso y que siguieran nuestros consejos. Quisiéramos que el esfuerzo en nuestra ayuda a los otros fuese efectivo. Que nuestras comunidades funcionasen sin interrupciones y sin desacuerdos. Que la Iglesia jerárquica cambiase y que la unidad en la diversidad fuese lo cotidiano. Que los proyectos por los que tanto hemos trabajado no fracasen por los imponderables...
Y todo esto nos preocupa y nos roba el sueño por la noche.
Sin embargo, hoy la palabra que escuchamos nos libera de la tentación de controlar. El labrador siembra con sudor la semilla, pero sabe que después no está en su mano el que germine.
Los cristianos seguimos teniendo como asignatura pendiente el saber cuándo toca trabajar por el Reino y cuándo toca sólo esperar; cuándo se requiere intervenir, y cuándo lo único que podemos hacer es irnos a dormir; cuándo toca analizar las causas y cuándo admitir que somos incapaces o reconocer que no lo sabemos todo y que hay muchos porqués y cómos que se nos escapan.
Aprobar esa asignatura es conseguir el que, después de hacer buenamente lo que esté en nuestras manos, descansemos sabiendo que el proceso que Dios mismo ha puesto en marcha, hará que la semilla continúe creciendo mientras dormimos.
Así queremos ser, labradores pacientes que se acuestan por las noches con el corazón agradecido y tranquilo, confiados en que han sembrado su semilla en buena tierra y que otras manos la harán brotar mientras ellos descansan: las manos de Aita Dios que sostienen nuestras vidas.
martes, 21 de enero de 2014
Propuestas para 2014 del Hno. AloisCuatro propuestas para buscar la unión visible de los cristianos.
¿Cómo puede participar cada uno?
Haz clik en el título y descúbrelo.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Encuentro de Estrasburgo
Os dejo el enlace a la página de Taizé donde están los vídeos de las oraciones que han tenido estos días. Mañana a las 19 horas podéis ver la última en directo.
EL ENCUENTRO EN LINEA
Y os dejo también las meditaciones del Hermano Alois de cada noche tras la oración.
MEDITACIONES DEL HERMANO ALOIS
EL ENCUENTRO EN LINEA
Y os dejo también las meditaciones del Hermano Alois de cada noche tras la oración.
MEDITACIONES DEL HERMANO ALOIS
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Encuentro de Diciembre y Navidad
Este mes nos han visitado un grupo de unos ocho chavales de confirmación con su monitora. Como alguien dijo tras la oración, siempre es un soplo de aire fresco la espontaneidad y la sencillez de los más jóvenes. Algunos amigos suyos habían ido a Taizé y querían saber y experimentar algo de aquello. Igual les atosigamos un poco esa tarde queriéndoles animar con nuestras palabras. Nunca sabes cómo acertar.
A veces me planteo si las catequesis y las liturgias de los cristianos no están llenas y llenas de palabras. Deberíamos insistir sobre todo en experiencias, vivencias que expresen los valores o mensajes que se pierden entre tanta palabra. Quizá lo más importante sea "ven y verás". Ve a Taizé y juzga tú mismo.
¿Os acordáis de cómo os enganchó Jesús? ¿A que en la mayoría de los casos fue un momento fuerte que tuvisteis, una experiencia fundante que os cambió por dentro?
Mis experiencias más fuertes que me llevaron al seguimiento a Jesús las tuve en convivencias de confirmación o de grupos de referencia, o trabajando con los sin techo o en ratos de silencio al calor de una vela en los que escuchamos un susurro al oído que nos cambió el corazón.
¿Os acordáis de cómo os enganchó Jesús? ¿A que en la mayoría de los casos fue un momento fuerte que tuvisteis, una experiencia fundante que os cambió por dentro?
Mis experiencias más fuertes que me llevaron al seguimiento a Jesús las tuve en convivencias de confirmación o de grupos de referencia, o trabajando con los sin techo o en ratos de silencio al calor de una vela en los que escuchamos un susurro al oído que nos cambió el corazón.
En este Navidad queremos recuperar ese susurro, para no enfriarnos por dentro. Porque entre tanta tristeza, entre tanta gente sufriente y crucificada que nos rodea, entre tanta indignación por la injusticia de ricos que roban, de políticos sinvergüenzas, de la pérdida de nuestros derechos fundamentales o de nuestro trabajo, entre tanta pobreza que crece sin parar, a veces es difícil seguir rezando, confiar en Dios, o seguir esperando que algo puede cambiar.
Y, sin embargo, ante esta realidad, se nos anuncia una Buena Noticia que puede llenar nuestro corazón y cambiar nuestras vidas: Que nos ha nacido Emmanuel, Dios con nosotros. Que Dios se nos convierte en Padre. Que Dios quiere vivir entre nosotros, ser uno de nosotros. Y para eso se nos da él mismo en Jesús.
Trato de centrarme para escribir este texto y es imposible. Está soplando un viento fuerte que ruge fuera, que hace estallar las ventanas y persianas y me asusta. Como si el Padre quisiera decirme las horas antes de la Noche Buena que este viento tiene que arrastrar nuestra tristeza por dentro, limpiar nuestros ojos de tanta ceguera y el corazón de tanto polvo que nos ha ido alejando de aquella alegría que sentimos cuando un día nos encontramos con los ojos de Jesús.
Hoy volvemos a toparnos con el tesoro escondido de un Dios que quiere nacer en un niño débil y vulnerable para que todos tengan sitio en Belén. En mi belén mi niño Jesús me lo ha dicho claramente porque este año ha salido de la caja con una pierna rota,
como diciéndome que quiere vivir nuestro sufrimiento con nosotros. En especial con los pequeños, los marginados, los excluidos por el sistema, los desfavorecidos por la vida, los que viven en los pesebres de la historia. Los que necesitan de verdad una buena noticia para sus vidas.
Pero también para los grandes, los favorecidos, los burgueses, los que no sienten necesidad de cambios porque ya lo tienen todo.
Cada uno sabe en qué grupo se encuentra pero sea como fuere Jesús nace para todos y por El, Dios vive en nosotros.
El se ha instalado ya en nuestro corazón. Ya no estamos solos. Por mal que vayan las cosas, por solo que te encuentres, por difícil que se presente la vida, Dios está contigo. No te ahorrará los problemas, no hará un milagro para evitar tu realidad, pero hoy Belén nos recuerda que, aunque los demás se hayan ido, El estará siempre ahí, contigo.
Trato de centrarme para escribir este texto y es imposible. Está soplando un viento fuerte que ruge fuera, que hace estallar las ventanas y persianas y me asusta. Como si el Padre quisiera decirme las horas antes de la Noche Buena que este viento tiene que arrastrar nuestra tristeza por dentro, limpiar nuestros ojos de tanta ceguera y el corazón de tanto polvo que nos ha ido alejando de aquella alegría que sentimos cuando un día nos encontramos con los ojos de Jesús.
Hoy volvemos a toparnos con el tesoro escondido de un Dios que quiere nacer en un niño débil y vulnerable para que todos tengan sitio en Belén. En mi belén mi niño Jesús me lo ha dicho claramente porque este año ha salido de la caja con una pierna rota,
como diciéndome que quiere vivir nuestro sufrimiento con nosotros. En especial con los pequeños, los marginados, los excluidos por el sistema, los desfavorecidos por la vida, los que viven en los pesebres de la historia. Los que necesitan de verdad una buena noticia para sus vidas.
Pero también para los grandes, los favorecidos, los burgueses, los que no sienten necesidad de cambios porque ya lo tienen todo.
Cada uno sabe en qué grupo se encuentra pero sea como fuere Jesús nace para todos y por El, Dios vive en nosotros.
El se ha instalado ya en nuestro corazón. Ya no estamos solos. Por mal que vayan las cosas, por solo que te encuentres, por difícil que se presente la vida, Dios está contigo. No te ahorrará los problemas, no hará un milagro para evitar tu realidad, pero hoy Belén nos recuerda que, aunque los demás se hayan ido, El estará siempre ahí, contigo.
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