SOMOS



Cristianos.
Sólo eso.
Llamados por el Maestro a seguirle.
Desde distintas comunidades cristianas.
Son Iglesias hermanas.
Separadas por lo accesorio.
Y unidas en el centro, como radios de rueda confluyentes.
Unidas en Jesús, el Cristo.
Con la voluntad y la necesidad de encontrarnos en El.
Porque creemos que la gloria del Padre es que sus hijos estén unidos.
Sabemos que sólo El tiene el poder de juntarnos olvidando lo que nos separa.
En Taizé ha sido posible. Aquí, ¿por qué no?

Quienes se apunten a este camino,
quienes queráis regar esta semilla
...pasad y sentaos.




lunes, 21 de marzo de 2011

Desierto en cuaresma

Hay un desierto antes de cada pascua. No para cambiar sino para dejarse transformar. Cambia. Cambia. Cambia!!! Es el grito machacón y egoísta de algunos que sólo exigen y recriminan sin ayudar. Pero no es el grito de mi Padre. La voz de mi Padre es un susurro que sugiere, es una brisa fresca que te renueva por dentro, que te transforma, sin voluntarismos propios ni exigencias ajenas. Es como la mirada de ternura de Jesús con la adúltera, la pecadora del perfume, la viuda…que no exige sino que restaura. Y así, sin apenas esfuerzo, puedes empezar a cambiar.
En el desierto de cuaresma tienes que entrar necesariamente solo. Sin muletas de nadie. Y hacer silencio para descubrir la verdad y la mentira de tu vida. Desnudo. Sin máscaras, sin barnices, sin redes. Soledad. Silencio. Desnudo. Para descubrir cuáles son mis tentaciones hoy y cómo estoy respondiendo a ellas. No es para culpabilizarse una vez más. La cuaresma no es para deprimirse por no llegar a superar nunca mis fallos. Porque a una cierta edad ni ésta ni mil cuaresmas más podrán cambiar ciertas cosas.
Entrar en el desierto es para descubrir en soledad una presencia que me habita, para oír a Alguien llamarme por mi nombre, y sentir dentro el amor de quien me quiere como soy. El Amigo que nunca falla. Y sentir su abrazo cuando sale a mi encuentro como hijo pródigo. Y llorar de alegría porque no quiere que le dé explicaciones, sólo quiere abrazarme y decirme que está conmigo en todos mis desiertos, en mis luchas, en mis noches y en mi dolor. Y que no vuelva a tener miedo porque puedo fiarme de su promesa.

1 comentario:

Ana Belén dijo...

Zorionak Rubén. Bellísimo. Nos vemos el viernes.