SOMOS



Cristianos.
Sólo eso.
Llamados por el Maestro a seguirle.
Desde distintas comunidades cristianas.
Son Iglesias hermanas.
Separadas por lo accesorio.
Y unidas en el centro, como radios de rueda confluyentes.
Unidas en Jesús, el Cristo.
Con la voluntad y la necesidad de encontrarnos en El.
Porque creemos que la gloria del Padre es que sus hijos estén unidos.
Sabemos que sólo El tiene el poder de juntarnos olvidando lo que nos separa.
En Taizé ha sido posible. Aquí, ¿por qué no?

Quienes se apunten a este camino,
quienes queráis regar esta semilla
...pasad y sentaos.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

Encuentro de Diciembre y Navidad

Este mes nos han visitado un grupo de unos ocho chavales de confirmación con su monitora. Como alguien dijo tras la oración, siempre es un soplo de aire fresco la espontaneidad y la sencillez de los más jóvenes. Algunos amigos suyos habían ido a Taizé y querían saber y experimentar algo de aquello. Igual les atosigamos un poco esa tarde queriéndoles animar con nuestras palabras. Nunca sabes cómo acertar.
A veces me planteo si las catequesis y las liturgias de los cristianos no están llenas y llenas de palabras. Deberíamos insistir sobre todo en experiencias, vivencias que expresen los valores o mensajes que se pierden entre tanta palabra. Quizá lo más importante sea "ven y verás". Ve a Taizé y juzga tú mismo.
¿Os acordáis de cómo os enganchó Jesús? ¿A que en la mayoría de los casos fue un momento fuerte que tuvisteis, una experiencia fundante que os cambió por dentro?
Mis experiencias más fuertes que me llevaron al seguimiento a Jesús las tuve en convivencias de confirmación o de grupos de referencia, o trabajando con los sin techo o en ratos de silencio al calor de una vela en los que escuchamos un susurro al oído que nos cambió el corazón.

En este Navidad queremos recuperar ese susurro, para no enfriarnos por dentro. Porque entre tanta tristeza, entre tanta gente sufriente y crucificada que nos rodea, entre tanta indignación por la injusticia de ricos que roban, de políticos sinvergüenzas, de la pérdida de nuestros derechos fundamentales o de nuestro trabajo, entre tanta pobreza que crece sin parar, a veces es difícil seguir rezando, confiar en Dios, o seguir esperando que algo puede cambiar. 

Y, sin embargo, ante esta realidad, se nos anuncia una Buena Noticia que puede llenar nuestro corazón y cambiar nuestras vidas: Que nos ha nacido Emmanuel, Dios con nosotros. Que Dios se nos convierte en Padre. Que Dios quiere vivir entre nosotros, ser uno de nosotros. Y para eso se nos da él mismo en Jesús.

Trato de centrarme para escribir este texto y es imposible. Está soplando un viento fuerte que ruge fuera, que hace estallar las ventanas y persianas y me asusta. Como si el Padre quisiera decirme las horas antes de la Noche Buena que este viento tiene que arrastrar nuestra tristeza por dentro, limpiar nuestros ojos de tanta ceguera y el corazón de tanto polvo que nos ha ido alejando de aquella alegría que sentimos cuando un día nos encontramos con los ojos de Jesús.
Hoy volvemos a toparnos con el tesoro escondido de un Dios que quiere nacer en un niño débil y vulnerable para que todos tengan sitio en Belén. En mi belén mi niño Jesús me lo ha dicho claramente porque este año ha salido de la caja con una pierna rota,


como diciéndome que quiere vivir nuestro sufrimiento con nosotros. En especial con los pequeños, los marginados, los excluidos por el sistema, los desfavorecidos por la vida, los que viven en los pesebres de la historia. Los que necesitan de verdad una buena noticia para sus vidas.
Pero también para los grandes, los favorecidos, los burgueses, los que no sienten necesidad de cambios porque ya lo tienen todo.
Cada uno sabe en qué grupo se encuentra pero sea como fuere Jesús nace para todos y por El, Dios vive en nosotros.
El se ha instalado ya en nuestro corazón. Ya no estamos solos. Por mal que vayan las cosas, por solo que te encuentres, por difícil que se presente la vida, Dios está contigo. No te ahorrará los problemas, no hará un milagro para evitar tu realidad, pero hoy Belén nos recuerda que, aunque los demás se hayan ido, El estará siempre ahí, contigo.






1 comentario:

Toñi Burgos dijo...

Esa es la grandeza de nuestro Dios: hacerse uno entre nosotros y pasar por lo que el ser humano pasa, sin privilegios.
Feliz Natividad a todos, porque a todos nos ama Aita Dios.
Qué gran noticia!